Lejos de su aspecto frívolo y de las excentricidades que a la fama suelen acompañar, David Beckham es otra cosa. En mi opinión sólo hay 4 clubes en el mundo a los que se les puede exigir siempre más que al resto, por economía y por historia. Me refiero al Real Madrid, Milan, Manchester y Barcelona. Pues bien. el inglés ha jugado en todos esos garndes excepto en el Barça, del que fue promesa electoral hasta que se cruzó Florentino, no lo olvidemos. En todos esos equipos David dejó un recuerdo imborrable. Hermosura y marketing aparte, Beckham termina enamorando por igual a jovencitas y machotes, a unas con su físico y a los otros con su entrega. A pesar de sus pinitos como actor y relaciones pública Beckham nunca ha olvidado que su profesión es la de futbolista, y siempre lo ha llevado con la mayor dignidad. Primero fue Ferguson, que lo ridiculizó, le sentó en el banquillo y le dejó una marca en la ceja de un zapatazo. Más tarde fue Capello, que le arrastró al ostracismo de ver los partidos en un palco y le ninguneó para luego tirar de él cuando más lo necesitaba. Ya en Los Ángeles, aguantó estoicamente en un equipo por debajo de sus posibilidades y arrimó el hombro fracaso tras fracaso. En ningún caso Beckham se quejó. Ni una palabra más alta que la otra. David se dedicó a trabajar y a entrenar como un buen profesional y siempre acabó obteniendo frutos. En Manchester acabó jugando y consiguiendo marcharse al Madrid. Con los blancos, tras tres años sin títulos, él era principal señalado, pero acabó siendo indiscutible para que Capello ganara la Liga. En Los Angeles consiguió mover a masas y que le dejasen a préstamo en Milán. Si hubiera sido otro, no le hubieran permitido la tentación de volver a saborear las mieles de la élite, pero a David sí, sabía que tenía que volver.
Ahora y tras un sólo mes en Milan, Beckham ya se ha ganado a los tifosi, a la prensa que criticaba su fichaje y podría volver a ser convocado con su selección, demasiado tentador incluso para él. Si le dejan se quedará en el Milan para demostrar su fútbol y su casta, pero si no, seguro que lo aceptará como un señor. Este es Sir David Beckham, un futbolista, un señor.
LOS ROSSONERI YA LE ADORAN